martes, 20 de marzo de 2018

¿Qué pasaría si no intentásemos inventarlo todo?



Plaza de las 3 culturas en Ciudad de México (Fotografía: @NFustier, 2017)
Un ejemplo de construcción a partir de antecesores

La visibilidad del Trabajo Social como profesión y disciplina pasa por construir a partir del conocimiento y las experiencias preexistentes. Necesitamos innovar y evolucionar, pero no es necesario inventar lo que ya existe.


Mi entrada de hoy coincide con el Día Mundial del Trabajo Social, una fecha que "conmemora el compromiso, la contribución y la labor" de las y los trabajadoras/es sociales (como refleja la web del CGTS). Es, pues, un día para el reconocimiento de la profesión, aunque el hecho de no tener un día fijo me genera ciertas dudas, sobre todo porque entre las y los TS no acabamos de tener muy claro el día concreto, en determinados contextos esto de escoger "el tercer martes de marzo" me parece que nos cuesta un poco (aquí J. Miguel Calvillo intenta explicar el porqué de esta movilidad).

Pero no voy a hablar de la movilidad del Día Mundial del Trabajo Social (ni del cartel que ha diseñado la FITS, que ya hay críticas suficientes que comparto, la de Israel Hergón, aquí, por ejemplo, y algunas más en Facebook).

Mi intención es hablar de la visibilidad del Trabajo Social, que debería ser uno de los objetivos del Día Mundial del Trabajo Social y me pregunto si estamos trabajando realmente para hacerlo visible o, pese a la buena voluntad, nuestras prácticas nos llevan a reproducir el mito de Sísifo, repitiendo una tarea sin fin.

Los menores no acompañados
Imagen de la convocatoria del IV Coloquio de la
Comisión de Infancia y Famílias
Para muestra, un ejemplo, hace unos días me llegó al correo el anuncio que veis:  una actividad organizada por una comisión del Colegio de Trabajo Social de Catalunya. El título era el siguiente: "IV Coloquio "Los menores no acompañados, ¿Una nueva realidad?" Y, lo reconozco, se me cruzaron un poco los cables y me empecé a preguntar si entre las dificultades para visibilizar la profesión no estará también el hecho que tendemos a querer inventar lo inventado en vez de sumar y crecer. Es decir, que somos un poco Sísifo, y sin el castigo de los dioses, nos repetimos minimizando u olvidando lo que otros y otras, antes que nosotras, hicieron. Así es francamente difícil crecer y desarrollarse, ni individual ni colectivamente.

En este caso concreto, el quid de la cuestión no está en la primera parte del tema sino en la coletilla: "¿una nueva realidad?". En serio, ¿a quién se le ha ocurrido el título?, ¿cuál era su pretensión? Una simple búsqueda en Google de "menors estrangers indocumentats no acompanyats"(1) nos muestra 703 resultados (sé que Google puede lanzar miles de resultados para un término cualquiera, pero no está mal) y las referencias se remontan a artículos y estudios de principios de los años 2000. Entre esas referencias hay un estudio que analizó la situación de los menores llegados a Catalunya entre 1998 y el 2002 y se identifica que esta "nueva realidad" se empezó a detectar a principios de la década de los 90 pero que fue en 1997 cuando hubo un incremento significativo de menores (ver aquí una síntesis del estudio de 2003 y aquí un artículo de 2007). 

Es decir, que hace 20 años que llegan menores no acompañados de distintos países y seguimos teniendo dificultades para afrontar sus necesidades, con lo que, en mi opinión, habría sido más constructivo plantearse: ¿qué podemos hacer por ellos? ¿por qué seguimos buscando respuestas después de 20 años? ¿qué podemos mejorar de los que hemos hecho hasta ahora? ¿qué alternativas podemos ofrecerles?... Y así, otras opciones que reconozcan lo que han hecho cientos de profesionales con anterioridad. También quiero destacar que entre las primeras referencias de las 703 (no las he mirado todas) no he encontrado ni una evaluación de la respuesta del sistema de protección frente a estos chicos y chicas. 

Pero, voy más allá, resulta que el fenómeno de los menores no acompañados no es una especificidad de Catalunya (o de España), resulta que es un fenómeno mundial que viven muchos países que están en los caminos de las migraciones; así, por ejemplo, el Sistema Integral de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA) de México explicaba (2) que hay, anualmente, alrededor de 100.000 menores no acompañados que intentan cruzar el país desde países del sur hacia los USA. Obviamente, no se trata de un fenómeno "nuevo" ni "local".

Y este detalle, esa convocatoria en la que un fenómeno con una trayectoria de 20 años es catalogada como "nueva", que puede haber pasado desapercibido para muchas profesionales, no deja de mostrar esa necesidad de "descubrir" fenómenos nuevos, como si los descubrimientos nos dieran un mayor prestigio ante la ciudadanía o ante otras disciplinas. 

Y tengo la misma sensación cuando oigo hablar de la "pobreza energética" o de la "pobreza alimentaria": cuando empecé en el trabajo social, hace ya algunas décadas, había muchas personas que no podían pagar los suministros de la vivienda, muchas personas que no podían hacer frente a todos los gastos de subsistencia (vivienda o comida) y muchas personas que perdían su vivienda… Ahora, en cambio, todo tiene nombre y apellidos y parece que no sucedió jamás antes de la Gran Recesión, la crisis iniciada hacia el 2007 - 2008.

Desde mi perspectiva, para crecer como profesión y como disciplina, deberíamos ser capaces de reconocer lo que se ha estudiado, diseñado y trabajado con anterioridad; debemos podemos analizarlo, criticarlo, reinventarlo, pero siempre partiendo de lo ya elaborado, porque es la única manera de crecer: construir conocimiento compartido, aprovechar las experiencias, los tanteos, los errores; no deberíamos tener miedo a descubrir que aquella idea que nos parece genial resulta que otras la tuvieron antes, porque partiendo de ese reconocimiento podremos ir más lejos. 

Recordemos: lo de Sísifo era un castigo de los dioses y nosotras no estamos afectadas por semejante venganza: avancemos a partir de lo que hicieron las que nos precedieron, reconozcamos su valor.


(1) "Menors estrangers indocumentats no acompanyats" o MEINA fue el primer nombre que se asignó a este colectivo de adolescentes que empezaron a aparecer por nuestras ciudades a finales de los 90.
(2) Datos aportados en una sesión de trabajo en noviembre 2017.

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